domingo, 11 de enero de 2009

"Secretos de Alcoba de los Grandes Chefs" de Irvine Welsh

Hay libros que determinan una carrera literaria y pesan como una gran losa en el currículo de ciertos escritores. Estos libros marcan a fuego su impronta en el haber de algunos, de  modo que a veces no pueden soportar la presión de una constante y apabullante comparación que el resto de su trabajo sufre con su obra maestra. Quizás se pueda pensar que este caso es claro en la figura del escritor escocés Irving Welsh, quien afortunadamente es padre de una de las obras con más calado de la generación beat surgida a finales de los 80 e inicios de los 90, Trainspotting. Esta obra, que no podemos olvidar fue su opera prima, marcó una época y una generación, tanto de escritores como de lectores. Tanto que dio lugar a la aparición de una saga de personajes de tal calado que hasta el propio Welsh no pudo resistir la tentación de revisionar el texto en una más que prescindible secuela a la que denominó Porno.
No obstante, Irving Welsh ha seguido utilizando ese estilo socarrón y canalla que lo caracteriza y se ha atrevido a modernizar El Retrato de Dorian Gray de Wilde, dando lugar a una novela curiosa y perversa que ha llamado Secretos de Alcoba de los Grandes Chefs (The Bedroom Secrets of the Master Chefs).   
Sin dejar de lado sus raices y el estilo que le es propio, este escritor escocés, vuelve a su Edimburgo natal y nos narra la vida y milagros de Danny Skinner, un jovén escocés nacido en un ambiente obrero que reparte el tiempo libre que le queda tras su trabajo en  el Departamento de Sanidad y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Edimburgo, entre mujeres, futbol, peleas y alcohol, sobre todo alcohol. Su vida repleta de resacas, pintas de cerveza y cualquier otro líquido que haya sido previamente destilado, repentinamente pierde su equilibrio con la aparición de un nuevo compañero de trabajo Brian Kibby, un hijo modélico y un tanto friki, que, a  modo de recipiente de sus perversiones, crea un vínculo entre ambos del que no van a poder escapar mal que les pese.
Un libro en el que Welsh hace gala de un léxico macarra y duro donde las adicciones y la música punk son parte imprescindible en la historia y el sarcasmo y el humor negro tienen un papel fundamental. Una obra fuida y convincente que nunca decae y que consigue mantener en alerta al lector en todo momento. Secretos de Alcoba de los Grandes Chefs consigue revisar una historia ya tratada por Wilde hace más de un siglo, adaptándola a un siglo XXI donde los hombres han evolucionado dentro de una sociedad más violenta y individualista.   
Una buena novela aunque… definitivamente no a la atura de Trainspotting (la comparación se hacía necesaria).

martes, 30 de diciembre de 2008

"Tres Sombras" de Cyril Pedrosa

Cuando un libro apenas necesita palabras para expresar emociones, o sus ilustraciones son capaces, por ellas mismas, de despertar emociones, en estos casos, que desgraciadamente no son tan comunes como nos gustaría, estamos frente a verdaderas obras de arte.  
En mi continua búsqueda de nuevos textos he descubierto Tres Sombras (Trois Ombres) del francés Cyril Pedrosa. (Sigo haciendo caso a aquellos amigos que me permiten adentrarme en aquella literatura que me es más ajena, lo que es de agradecer). Esta maravillosa fábula ha conseguido conmoverme utilizando un lenguaje breve, casi simbólico, mientras el peso de la trama lo constituye un magnífico grafismo, en ocasiones elegante y preciso y que es capaz, por momentos, de alcanzar cotas que rozan el expresionismo más absoluto.  
Tres Sombras es una historia de vida y esperanza. Una historia de amor paterno-filial en la que los personajes principales, Louis y su pequeño Joachim, se embarcan en un largo viaje escapando de tres sombras que, misteriosamente, han aparecido en el horizonte de su modesta existencia. Esta huida hacia adelante, hacia la esperanza, los lleva a adentrase en lugares misteriosos y lejanos, hasta que descubren que es imposible escapar de lo inevitable. Una historia basada en la experiencia de un amigo de Pedrosa que perdió a su hijo de pocos años.
Tres Sombras es su segunda novela, con la que logró ser reconocido como comic esencial en el Festival Internacional  del Comic de Angolulême 2008. Este autor francés que procede del mundo de la animación, pasado más que evidente en la expresividad con la que dota a los personajes, juega con el lector al que maneja como si estuviera tras una cámara y nos encontráramos sentados frente a una pantalla. Es ejemplar el uso que hace de las secuencias en perspectiva, así como del juego de luces y sombras con la que salpica sus viñetas. Una novela en la que se hace casi innecesaria la existencia de diálogos, ya que las ilustraciones son lo suficientemente expresivas y detalladas, como para que la historia nos conmueva sin necesidad de palabras.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Encuentro Poético "Hijos de la Medianoche"

Hay noches en las que se hace difícil salir de casa. El sofá, una manta y un buen libro ejercen una atracción realmente poderosa. Sólo aquellos aventureros que navegan a contracorriente son capaces de sobreponerse a las adversidades y salir en busca de una recompensa que a muchos pasaría inadvertida. 
El pasado sábado 13 fue uno de esos días. El frío gélido, nada corriente por estas latitudes, era un enemigo demasiado convincente, casi invencible. Quizá Horacio hubiese imaginado una playa semidesierta en algún rincón del caribe, pero, el resto de los mortales, aquellos que no nacimos de la pluma de Cortazar, debimos pertrecharnos con la poca ropa de invierno que resiste en nuestros armarios y salir de casa dejando al aire el menor resquicio posible de carne. Los hijos de la medianoche nos esperaban para un encuentro poético que, a decir verdad, es tan extraordinario en San Fernando como el nacimiento de los seres que daban nombre al evento.
Sobre las ocho de la noche, y batallando contra el espíritu festivo de aquellos compañeros de oficina que únicamente parecen agradables en las contadas ocasiones que los obligan el calendario, comenzó el encuentro. 
Ana Pérez Cañamares fue la encargada de rebuscar, entre copas y felicitaciones, un poco de cordura y silencio. Ana Pérez nos llevó a su trinchera, a la alambrada de su boca, a su vida y a su piso de treinta y siete metros cuadrados. Nos presentó a su hija y a sus padres. Todos descubrimos su mundo y cómo la poesía tiene voz y aspecto de mujer. 
Eduardo Almiñana consiguió que nos pegáramos a la pared. Cargó, apuntó y disparó. Disparó repetidamente y sin que se le encasquillara la palabra, contra todo y contra todos, porque sus versos son balas. Impactantes y demoledoras. Eduardo es un buen tirador y tiene motivos más que suficientes para ser Robert Crumb, pero ¿realmente lo necesita?.
Salvador Reyes fue el contrapunto de Eduardo. Subieron juntos al escenario y se agradeció. Salvador puso la venda a tanta herida. Pasó páginas a sus calendarios anónimos y navegamos de agosto a diciembre en el tiempo del verso. Nos reconfortó con sutileza y estilo, a la espera de que sigan pasando los años y Salvador los siga escribiendo. 
Rosario Pérez Cabaña fue el último poeta en subir al escenario antes del fin de fiesta. Rosario es… Rosario. Es poesía. Es la belleza. Es la elegancia en la palabra. Es la poeta que escribe y recita con la misma magia una y otra vez. Nadie puede cansarse de ver y oir su poemas. Mientras todos observamos ella canta, canta y nos encanta. 
Al final, Ariel Cubillas nos cantó sus versos. Nos bañó de sones cubanos y nos refrescó para que pudiéramos salir limpios de esa noche. Jugamos todos a las adivinanzas como si estuviéramos solos. Fue el fin de fiesta perfecto a una noche perfecta. Hasta se atrevió a invitar a Rosario al escenario para acabar con la conga triste más feliz del mundo. 
Después de cincuenta años, los hijos de la medianoche reaparecieron en San Fernando, y yo estuve allí. Gracias a todos.

domingo, 30 de noviembre de 2008

"Tigre Blanco" de Aravind Adiga

Otro autor indio, y afortunadamente el número sigue creciendo, irrumpe en la escena literaria mundial con una nueva joya, Tigre Blanco (The White Tiger).
Dos son las corrientes narrativas en las que claramente se pueden encuadrar a todos aquellos autores que provienen de la antigua colonia británica. Por un lado escritores como Salman Rushdie o Arundhati Roy, se afanan en presentar una India mágica y religiosa, llena de fábulas y acontecimientos maravillosos, dejando a un lado los problemas más que evidentes que inundan las malolientes calles de ciudades como Delhi o Bombay. Pasan de puntillas sobre la miseria omnipresente de la sociedad india y se centran en los aspectos más glamurosos y espirituales de la milenaria tradición hindi. Justo frente a estos escritores, autores como Vikram Seth o V.S. Naipul se caracterizan por ser mucho menos imaginativos, más austeros, más realistas. Su visión de India es una visión evidente, alejada del misticismo y suntuosidades, en las que los problemas sociales y económicos apenas dejan espacio para la imaginación. Si bien es cierto que siempre, y esto es inevitable, hay toques maravillosos en sus textos, la trama central de sus escritos no se aleja mucho de lo que debe ser la realidad de un pueblo esclavo de sus tradiciones y desamparado ante los graves problemas políticos y religiosos que lo azotan.
Pues bien, Aravind Adiga está claramente encuadrado dentro de estos últimos escritores. Tigre Blanco es una genialidad. Un libro que nos cuenta la historia de Balram Halwai, apodado Tigre Blanco, hijo de un conductor de rickshaw y habitante de una de las zonas más pobres de la India. Una novela epistolar en la que a modo de confesión del reo, Tigre Blanco cuenta como una persona puede cambiar radicalmente su destino. Como un indio nacido en una familia humilde, miembro de una casta de pasteleros, puede ascender desde la más absoluta de las miserias y colarse entre la élite empresarial de la ciudad de Bangalore. Una historia cuando menos inolvidable en la que el lector inevitablemente va acumulando una empatía hacia la figura del Tigre Blanco que se resuelve en comprensión y amor al personaje.
Adiga ha conseguido escribir una novela ejemplar, sarcástica, llena de humor y de momentos melancólicos, una novela más que merecedora del Broker Price 2008. Estamos ante uno de esos libros merecedores de convertirse en eso que la prensa y los críticos se obcecan en denominar “fenómeno literario”, ya que mucho más que otros, rebosa calidad en cada una de sus páginas.
No me resisto a destacar, y espero que no sea por última vez, la magnífica edición en español de esta novela. Miscelánea editores ha trabajado el texto y eso se nota y es de agradecer por aquellos lectores, entre los que incluyo, que aman y disfrutan un libro como un preciado objeto en el que la envoltura desempeña un papel determinante. Desde la cubierta a la textura de las páginas la edición es todo un acierto. Si las MacEditoriales cuidaran los libros y se preocuparan por ellos…

martes, 25 de noviembre de 2008

"El Canalla Sentimental" de Jaime Bayly

Hay determinados autores que en ocasiones son vilipendiados por las críticas, a menudo sin fundamento alguno, debido a su volumen de ventas o al hecho de que no sean lo suficientemente puristas o exquisitos en su estilo de escritura. 
Irreverente, sarcástico, provocador, polémico tanto en su vida privada como en sus múltiples facetas públicas (se define como periodista antes que como escritor y ejerce de presentador en un programa de entrevistas en la televisión americana), Bayly es un auténtico canalla y uno de esos escritores presa de su personaje, que son enjuiciados más como proyecciones públicas que como narradores. 
A este autor peruano no le ha sido suficiente con ganar el premio Herralde y ser finalista del Planeta (esto último lo dejo ahí, tampoco quiero hacer sangre sobre ello), sigue siendo considerado un showman antes que un escritor con algunos libros bastante interesantes. 
Con El Canalla Sentimental nos acercamos algo más a la figura de Jaime Bayly y al peculiar mundo que lo rodea. Después de que nos dejara navegar por su infancia en su Perú natal con Yo Amo A Mi Mami, Bayly continua salpicando sus novelas con datos autobiográficos, si bien es cierto que en esta ocasión en ese título es mucho más explícito pues se trata de un compendio de relatos, que en su mayoría han sido publicado en diversos medios hispanoamericanos, en los que nos narra su relación con el mundo. 
Crea un alter ego, Jaime Baylys, en honor a todos aquellos que se obstinan en atribuirle la patente de una famosa marca de crema de whisky, y de la mano de este, conocemos la relación que mantiene con su novio argentino, la persona que más quiere en el mundo, con su ex mujer, la persona que más quiere en el mundo, (esta dualidad de sentimientos unida a una bisexualidad de la que hace gala casi en cada frase del libro le crea no pocos problemas) con sus hijas, con su familia y con su ex suegra (a la que le dedica multitud de páginas debido a una enemistad que dura años). 
Nos da a conocer a un Bayly sarcástico, frívolo, romántico, un escritor que vive continuamente entre Perú, Argentina y Estados Unidos, con innumerables fobias, como el frío, los ruidos y algunas personas, y con una vida laboral de la que es esclavo pero de la que sin embargo quiere escapar intentando ganar el suficiente dinero para conseguirlo (y quien no).
Un canalla con todas las letras pero un tipo de lo más interesante. Una novela atrayente y embaucadora. Uno de esos libros que, como el diario de otra persona, no puedes o no quieres dejar de leer. Grandes momentos de humor salpican todo el texto que está escrito sin pretensiones. Un libro en el que podemos conocer algo más de Jaime Bayly tal y como es Jaime Bayly.